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Cómo crear el módulo formativo de canal de denuncias que exige la Ley 2/2023

Beñat Arrizabalaga
Co-founder & Business Development
Escalabilidad
Cómo crear el módulo formativo de canal de denuncias que exige la Ley 2/2023

Tener el canal de denuncias operativo no es suficiente. La ley exige que los empleados hayan sido informados sobre él. Y si no puedes demostrar que lo hiciste, el canal protege a la empresa en papel, no en derecho.
La mayoría de las empresas con más de 50 trabajadores lleva meses con el canal de denuncias activo. Tienen el formulario, el buzón, el responsable designado. Lo que muchas no tienen es evidencia de que comunicaron su existencia y funcionamiento a cada empleado.
Esa es la brecha que convierte una buena implementación técnica en un riesgo jurídico real. La Ley 2/2023 no solo obliga a tener el canal: obliga a informar a toda la plantilla sobre cómo funciona, qué cubre y qué protección tiene quien lo usa. Y esa obligación de información tiene que poder acreditarse.
En este artículo explicamos qué tiene que cubrir el módulo formativo, para qué perfiles, y qué formato genera la evidencia que protege a la empresa ante la Autoridad Independiente de Protección del Informante (A.A.I.).
La Ley 2/2023 establece obligaciones de comunicación e información para dos grupos claramente diferenciados dentro de la empresa.
El conjunto de la plantilla tiene que conocer la existencia del canal, cómo acceder a él, qué conductas se pueden reportar, y qué protecciones tiene quien informa de buena fe. No hace falta que cada empleado sepa gestionar una denuncia. Sí hace falta que sepa que el canal existe, para qué sirve y que puede usarlo sin miedo a represalias.
El responsable del sistema (o el equipo que gestiona las denuncias) necesita una formación adicional y diferenciada: cómo recibir y gestionar las comunicaciones, los plazos que marca la ley (7 días para acusar recibo, 3 meses para resolver), las obligaciones de confidencialidad, y los procedimientos para garantizar la protección del informante. Este rol tiene responsabilidades propias que van más allá del conocimiento general.
Diseñar un solo módulo para ambos perfiles es el error más común. El resultado suele ser un módulo demasiado técnico para la plantilla general o demasiado superficial para quien tiene que gestionar denuncias reales.
El módulo de sensibilización para el conjunto de empleados tiene que cubrir, como mínimo, cinco bloques:
Qué es el canal y para qué sirve. No una explicación jurídica, sino práctica: es el mecanismo oficial para comunicar a la empresa conductas que infringen la normativa o pueden dañar al interés general. Incluye ejemplos concretos del tipo de situaciones que se pueden reportar.
Cómo acceder y cómo realizar una comunicación. Dirección, procedimiento, posibilidad de hacerlo de forma anónima o identificada. Cuándo esperar respuesta y qué ocurre después.
Qué conductas están cubiertas. La ley cubre infracciones del derecho de la Unión Europea y del derecho nacional en ámbitos específicos: contratación pública, servicios financieros, seguridad de productos, protección medioambiental, entre otros. El módulo debe concretar esto para que el empleado entienda cuándo es relevante.
Qué protección tiene quien informa. La garantía de confidencialidad, la prohibición de represalias, y los mecanismos de protección del informante de buena fe. Esta es la parte que más peso tiene para que el canal se use realmente.
Qué pasa si no se usa de buena fe. El marco de protección tiene límites. Informar falsamente o de mala fe no está amparado. Incluir esto refuerza la credibilidad del canal.
El gestor del canal necesita un módulo separado que cubra el plano operativo y jurídico de su rol:
Los plazos y procedimientos que marca la ley: acuse de recibo en un máximo de siete días hábiles, plazo máximo de tres meses para comunicar las medidas adoptadas.
Las obligaciones de confidencialidad: la identidad del informante no puede revelarse sin su consentimiento explícito. Esto aplica también a terceros implicados en la denuncia.
El proceso de investigación interna: cómo documentar la recepción, las actuaciones realizadas y las conclusiones, de forma que la empresa pueda acreditar que ha actuado con diligencia.
Las medidas de protección frente a represalias y cómo identificar si se están produciendo, con independencia de que las tome el empleador o un tercero.
Este módulo suele requerir revisión jurídica del contenido, especialmente en empresas donde el responsable del sistema no tiene formación legal previa.
Que la empresa haya preparado el módulo no es lo mismo que poder demostrar que cada empleado lo recibió y completó. La diferencia importa porque la Ley 2/2023 establece un régimen sancionador propio —con sanciones que en su grado máximo alcanzan el millón de euros para personas jurídicas¹— y lo que la A.A.I. evalúa en una inspección no es la intención sino la evidencia documentada.
El formato del registro tiene requisitos mínimos para ser útil: debe ser individualizado (qué empleado), fechado (cuándo lo completó) y exportable sin depender de la memoria de quien coordinó la acción. Un correo de comunicación sin trazabilidad de apertura no lo cumple. Una sesión grupal con hoja de asistencia sin fecha tampoco, en la mayor parte de los casos.
En la práctica, las empresas que ya gestionan otras obligaciones de formación (PRL, GDPR) suelen resolver esto con la misma arquitectura: módulo publicado en un LMS mediante SCORM o xAPI, que genera automáticamente el registro de completitud por empleado. La guía de plataformas de formación para PYMEs cubre qué herramientas incluyen SCORM en planes accesibles y cuáles lo reservan para contratos Enterprise.
Para empresas que gestionan varias obligaciones normativas a la vez, el artículo sobre cómo escalar la formación de compliance describe cómo conectar producción, distribución y registro en un sistema que aguante auditorías sin convertir cada nueva norma en un proyecto nuevo.
El canal de denuncias que cumple su función legal no es el que tiene el formulario operativo. Es el que puede demostrar que cada empleado sabe que existe, cómo usarlo y bajo qué protecciones. Esa demostración requiere un módulo diferenciado por perfil, con contenido verificado jurídicamente y con un sistema de registro que genere evidencia acreditable.
Si tienes el canal activo pero el módulo formativo aún está pendiente, solicita una demo y analizamos cómo resolverlo con tu documentación existente.
La ley habla de obligación de "información" sobre el canal, no de formación reglada. En la práctica, la diferencia es operativa: el módulo formativo es el mecanismo más eficiente para cumplir esa obligación de información de forma acreditable, individualizada y documentada. Un correo de comunicación sin trazabilidad de lectura o una sesión grupal sin registro no genera la misma evidencia.
No hay un plazo legal específico de renovación periódica. Lo que sí exige la práctica es actualizar el módulo cuando cambien los procedimientos internos, cuando se incorporen nuevos empleados (onboarding), y cuando se produzcan cambios normativos relevantes. Una buena práctica es incluirlo en el proceso de incorporación como módulo obligatorio y revisar el contenido anualmente.
En general sí, si cumple los requisitos de acción formativa bonificable (contenido relacionado con la actividad profesional, duración mínima, sistema de evaluación y registro de completitud). La formación en compliance y cumplimiento normativo suele ser elegible. Conviene verificar con la gestoría FUNDAE los criterios exactos para el tipo de acción formativa que se plantea.
La obligación legal no es solo tener el canal sino poder demostrar que la plantilla fue informada sobre su existencia y funcionamiento. Si en una inspección la empresa no puede acreditar esa comunicación de forma individualizada, el canal técnicamente operativo no cubre jurídicamente el incumplimiento. La Ley 2/2023 establece un régimen sancionador propio —con sanciones que pueden alcanzar el millón de euros en el grado máximo para personas jurídicas— y la ausencia de registros documentados puede ser un factor determinante en la valoración del expediente.
El módulo para la plantilla general cubre sensibilización: qué es el canal, cómo usarlo, qué protecciones existen. El módulo para el responsable del sistema cubre procedimientos operativos y obligaciones jurídicas: plazos de respuesta, gestión de la confidencialidad, documentación de las actuaciones, y protección activa del informante. Son contenidos distintos para responsabilidades distintas — mezclarlos en un único módulo suele resultar en que ninguno cumple bien su función.
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